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Algunas cuestiones jurídicas en el metaverso
Jul 18, 2022

El metaverso, evolución de Internet que incorpora una realidad virtual y sensorial, presenta o, mejor dicho, intuye, dado que está en pleno crecimiento, numerosas aplicaciones y oportunidades siendo, hoy, un espacio no regulado.

Ciertamente, Neal Stephenson, no podía soñar en 1992 que la ciencia ficción sería realidad cuando imaginó literariamente el metaverso al crear en su obra Snow Crash un espacio virtual colectivo compatible y convergente con la realidad. Tampoco podría imaginar toda la problemática que embrionariamente, se empieza a dibujar.

Pero ¿qué es el metaverso o mejor dicho un metaverso? Literalmente, detrás del universo, constituye un espacio al que se accede mediante una App y en el que se navega mediante avatares -identidades digitales que no necesariamente coinciden con una persona física o jurídica del mundo real (persona)- siendo frecuente que una persona disponga y utilice distintas identidades digitales, muy distintas por tanto a la firma digital. El metaverso debe distinguirse de otras realidades. Los falsos metaversos, utilizados en marketing, son realidad aumentada y conducen al mundo real, en donde realmente se interacciona y negocia.

En los metaversos, web-3, a través de tecnología en desarrollo basada en la utilización de blockchain y en general de registro distribuido; IoT y AI, 5G además de la realidad aumentada -en su actual estadio- se genera una realidad virtual, cada vez más real según evolucionan sus aplicaciones y accesorios hasta permitir un universo sensorial paralelo, en el que se viven experiencias, se poseen bienes, se compra y se vende y se mantienen relaciones personales.

Esta realidad puede ser lúdica, hoy su principal aplicación, que genera problemas de adicción y dependencia propios de una realidad virtual avanzada, pero también, y sobre todo es una realidad económica más allá de la industria del juego. El metaverso desarrolla una clara actividad que genera a su vez una industria poderosa a su alrededor. En este contexto, pueden señalarse algunos problemas jurídicos.

El primero es la correspondencia con el mundo real. Es decir, cómo se localiza una transacción realizada en el metaverso, a efectos de jurisdicción y ley aplicable. También a efectos fiscales y de control del blanqueo de capitales, entre otros elementos incluidos en compliance o cumplimiento normativo.

Es lo normal, por ejemplo, que los medios de pago, cuando no consisten en datos personales, no tengan una duplicidad en el mundo real y se limitan en el metaverso en forma de criptomonedas. Mediante éstas, alojadas en wallet, se adquieren o venden NFT, bienes no tangibles, especialmente culturales o crypto assets, a modo de zonas localizadas o parcelas del metaverso en condominio para uso o alquiler, como eventos. Lo que ocurra en el metaverso para que pueda surtir efectos jurídicos en el mundo real debe ser asumido por el titular del avatar o avatares. Y dependerá de la jurisdicción del titular real el reconocimiento de los hechos que allí ocurren. Se tiene noticia, por ejemplo, de la aceptación en algunos Estados USA de matrimonios contraídos en el metaverso. Pero la identidad real debe consentir lo que ocurra en el metaverso.

¿Ha de presumirse el consentimiento, es decir la responsabilidad de la persona real por el hecho de crear un avatar en un metaverso ¿Debería regularse? ¿Es en todo caso la persona real responsable de lo que haga su avatar o avatares? ¿Como se protegen los datos sino es posible determinar que normativa es de aplicación? Esta nueva realidad no conoce la geolocalización ni en ella es trascendente el concepto lugar, ni para el cumplimiento de las obligaciones ni como elemento relevante de una transacción. Singularmente relevante es la vulneración mercantil y penal de la propiedad industrial e intelectual, sin que la normativa les sea de aplicación directa. La notoriedad de las marcas en un metaverso implica falsificaciones e infracciones fragantes.

Aun en la web-2 la Unión europea avanza en un paquete de importantes Reglamentos (leyes) dirigidos al mercado de datos: Digital Services Act (DSA); Digital Market Act, (DMA) Artificial Intelligence Act (AIA); Data Act (DA). Y También en el Derecho de consumo busca realizar una regulación de aspectos económicos de las redes sociales como es la actividad de los influencers. Asimismo, el Grupo IV de Uncitral, genéricamente dedicado al comercio electrónico, avanza en Inteligencia artificial. Estas iniciativas están fundadas, en general, en dotar de seguridad jurídica, en el universo de las plataformas, a consumidores y empresarios no dominantes. Pero no son aplicables en el metaverso. Como web-3, se rige por otras reglas. Todas las medidas legales se basan o basaran en Soft Law. Códigos creados bien por la empresa comercializadora como Meta o por las comunidades rectoras descentralizadas (DAOs) como Decentraland o Sandbox a las que he tenido ocasión de dedicar algunas reflexiones desde la perspectiva del gobierno corporativo de las sociedades mercantiles.

Las DAOs, jerarquizadas y basadas en blockchain generan Smart contract al que se adhiere el avatar, es decir la persona real que está detrás. Por ello, los elementos jurídicos relevantes se basan en el Derecho digital, pero la imposibilidad de establecer, hoy por hoy, jurisdicciones, hace que sean las reglas auto impuestas, las únicas posibles.

Esto exige analizar el consentimiento de la persona real que crea el avatar, teniendo presente que un gran número de usuarios son menores de edad, nacidos digitales de tercera generación. Los metaversos suponen una realidad creciente, sin límite, que se calcula mueva en muy poco tiempo cifras billonarias, sino lo hace ya El riesgo de ruptura normativa o simplemente de desregularización en los temas esenciales (fraude, delito, cesiones de datos inconsentidas, menores y personas vulnerables; compliance, en general buena fe -en un rápido mix-) exige una actividad jurídica de coordinación a nivel mundial. Sino el metaverso será el centro de la economía digital, y será paralela, pero sin ley.

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